estaban muy baratas
allá en ucrania
tanto en kiev como
en dnipro, en jarkiv
en belgorod
a tal punto que
podías conseguirte 4 o 5
con lo que te cogías a una sola
en medellín o en bogotá
incluso más en los pequeños pueblos
cercanos a la línea del frente
y ni se diga en donetsk, ya de plano
en zona de guerra
donde alquilé una habitación
con vista al río, vodka a raudales
a precio de risa
por la guerra
por el frío
porque había desabasto de todo
porque nadie quería vivir en un lugar
donde te caía un misil
mientras comprabas en el super: cayeron varios
entre abril y octubre
del 24, el tiempo que me aguantaron
unos pocos miles de dólares, la mejor inversión
de mi puta vida
qué depa ni qué ranchito en la sierra ni qué mis huevos:
meterla bien adentro, siquiera unos minutos
de las más hermosas, las más sensuales
mujeres que han pisado la tierra
altas, delgadas, rubias
diosas de la estepa, ojos eslavos
de mirada insondable, enraizada
en siglos de opresión, derrotas, masacres: tal vez por eso
cada palo con ellas era como
la última cogida de la historia: demencial, asesina
sin límites, a veces
3 de ellas en la misma cama
voraces, desahuciadas, sin la menor esperanza
de cambiar la puta desgracia
de nacer en un país donde los hombres
amaban por sobre todas las cosas
hacerse pedazos entre ellos: ya te digo
estaban regaladas, cuando estuve allí
asomado al fin del mundo
las putas
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