martes, 24 de mayo de 2022

aquellas jodidas crudas de las mañanas de domingo


suponiendo
que me preguntaran
qué es
lo que más extraño 
de 
vivir con una
mujer

yo diría que
no es el hecho de tener a alguien
que
me llevara al despertar 
cada mañana
el café 
y dos galletas en un platito
a la cama

diría 
que tampoco es
la posibilidad de contar
-en esas madrugadas de violentas erecciones-
con aquel receptáculo adecuado que la naturaleza ha instalado 
en la entrepierna femenina
para solaz y consuelo y descargamiento de la brama 
de todos esos hombres que
por principios éticos
o manía
o vete tú a saber por qué otra puta razón

no extienden sencillamente la mano
y se aprietan la puta verga
y le meten a la puta verga una cuantas buenas sacudidas y
se deshacen así 
con facilidad y mínimos efectos colaterales
de la maldita inquietud 
y el insoportable estrés
testicular

ni diría 
que extraño o siento nostalgia
de aquel gesto de cariño
o afecto
brindado por un ser humano a
otro ser humano cuando
éste último 
en el trance rutinario de los avatares existenciales
acaso pudiera llegar a sentirse
desanimado, quizás, o
triste o
melancólico, y 
que
por principios éticos 
o manía
o vete tú a saber por qué otra puta razón
no recurre sencillamente a coger una puta botella
y a darle a la puta botella unos cuantos buenos tragos para deshacerse así 
con facilidad y mínimos efectos colaterales
de la muy jodida
y condenadamente cabrona
depresión

lo que yo diría 
más bien
lo que realmente extraño
de
aquellas veces que
una mujer 
vivió conmigo

es 
la certeza inamovible que invadía mi ser 
en aquellas resacosas mañanas de domingo, apenas despertado
-y cualquier otro día que amaneciera crudo-
de que no tenía más que abrir 
la pinche bocota y gritar con fuerza 
a quienquiera que fuese que anduviese por ahí 
-bien remoloneando en la cocina, bien 
pintarrajeándose los ojos en el baño-

gritar: ¡mueve ese culo, hija de la chingada, y vete como el pedo
a traerme unas putas cervezas que me está cargando la pinche verga!

para que 10 minutos más tarde, sin haber salido de la cama

yo estuviera ya empinándome de un trago una lata de cerveza bien helada




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