lunes, 11 de febrero de 2019

muerte repentina


si me llegase a morir ahora
de una puta congestión alcohólica o algo así
seguro que este poema quedaría
inconcluso

seguro que la cucaracha que acabo de ver asomar
detrás de la cama y empezar a recorrer
el par de metros que la separan del ropero, se salvaría de terminar
brutalmente aplastada bajo una de mis chanclas

y seguro que si justo ahora me muriera
pasaría ipso facto a chuparme un huevo y dejar de mortificarme
el recuerdo de mi gatillazo de antenoche y los 500 pesos que desperdicié a lo pendejo
llevándome a ebony janeth a culear al janitzio
-donde además tuve que soltar otros 100 por una hora de alquiler-

(si me muriera ahora, escriben los malos poetas
como si fuera la idea más original de todos los tiempos)

si me muriera ahora, borracho, sucio y desgreñado
despatarrado sobre el edredón que cubre el par de tablas que tengo por cama
seguro que quienquiera que viera mi foto postmortem pensaría
"qué puta jeta de perdedor degenerado tenía ese pendejo del villa"

y seguro que si en este momento me muriera
ya no vería la siguiente temporada de stranger things ni tendría
manera de saber si mili bobi se acuesta por fin con mike
-a menos que en el infierno tengan wi-fi-

seguro que el medio litro de leche que guardo en el refri
junto con un plátano y dos pedazos de pizza y un bote casi vacío de catsup
seguirían allí dentro agriándose y marchitándose y llenándose de moho
hasta que el siguiente inquilino del cuarto llegara a ocupar este
previa labor de desalojo de mi cuerpo en descomposición y
una buena rociada de spray ambiental con aroma a pino

seguro que mis libretas de poemas terminarían en el basurero
igual que mi almohada, mi escasa ropa, mis dos toallas
unas chanclas de suela desgastada y un bote de pastillas para el ardor de próstata
y algunos restos de libros de paulo cuello que tengo en el baño
para arrancar sus hojas y limpiarme el culo con ellas;
todo eso acabaría seguro en el contenedor de la esquina
porque las pertenencias de un puto borracho desahuciado que vive en un jodido tugurio
dan como asco y quizá estén infectadas de algo y mejor las tiramos
-pero no le voy a dar el gusto, al hijo de puta que encuentre mi cadáver
de tomarse el medio litro de jack daniels que me queda en la botella-

si la inclemente guadaña, en fin
del impávido arcángel de la sombra
cortara ahora de pronto el endeble hilo que conecta
la corriente de fuerza cósmica que ilumina la flor de mi vida
seguro que no me daría ya tiempo de vaciar la vejiga
-postergo la ida al baño para no perder
el gran flujo de inspiración que conduce mi pluma ahora-

y me iría al otro patio con estas putas ganas de mear que me estoy aguantando desde hace rato







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