yo sólo quería coger
coger y tomar alcohol
pasarme los días tirado en el sillón de la sala
oyendo en el reproductor durante horas
mi compact disc pirata con las más perronas de juan gabriel
-que incluía el concierto en vivo en bellas artes-
o tirado en la cama viendo porno y películas de van dam, stalone y chuk norris
y los soporíferos partidos de mierda de la pedorra liga mexicana de futbol
yo no pedía gran cosa de la puta vida, la verdad:
que beti me la chupara, unos vasos de whisky al día
oír al maricón de juanga, ver la tele
y dejar correr las horas remoloneando por el depa
esperando que me llegara la inspiración y se me ocurriera un argumento
para ponerme a escribir el bestseler que nos sacaría de pobres,
demostraría a sus parientes lo equivocados que estaban
al tacharme de ser un huevón mantenido que se aprovechaba de la pobre beti,
y me encumbraría a la cima de la gloria literaria
y lo cierto es que las cosas no marchaban nada mal
me pasaba alcoholizado todo el tiempo
le metía el rabo a beti mañana, tarde y noche
disponía de cantidades industriales de tiempo libre
para pensar en los libros que más adelante escribiría
y mi cuerpo y mi mente se hallaban en perfecta sintonía
con la frecuencia luminosa de las vibraciones cósmicas
y el flujo inmaterial de la corriente mística del ser
o una mamada parecida
hasta que beti se hartó de aquella vida
aún hoy me sigo preguntando
cómo tuvo la osadía de llegar a dar ese paso
destruir la hermosa relación que teníamos
borrar de un plumazo el brillante futuro que nos aguardaba
las giras por europa promocionando mi bestseler
los paseos en yate por el mediterráneo
buscando nuevos escenarios para mis subsecuentes novelas
la cabaña en los alpes donde nos refugiaríamos del asedio de la prensa
para tomar vino tinto y hablar de nuestras cosas junto al fuego de la chimenea
mientras la nieve cubría la tierra con su blanco manto
¿qué motivos de queja tenías, maldita mujer ingrata?
¿acaso no te dejaba chupármela cada vez que se te antojaba una verga?
¿acaso no te comía el chocho y te ensartaba cuando tú querías
y no me quejaba si te daba por meterme un dedo por el culo?
¿acaso no permitía que trabajaras en lo que tú quisieras
ya fuese limpiando casas, sirviendo tragos en algún congal
atendiendo a gringos octogenarios jubilados
-ni siquiera te reclamaba porque los masturbaras para sacarte un dinerito extra-
o colocando latas en los anaqueles del walmart?
¿acaso no anteponía tu salud y tu bienestar personal a los míos
acabándome toda la cerveza y el whisky que había en el depa
para que tú no tuvieras que hacerlo?
¿y no te aguantaba las jaquecas, los periodos, los brotes sicóticos
sin decirte nada, pero siempre a tu lado?
¿y no te compré un consolador de segunda mano en el tianguis
para que pudieras autogratificarte mientras yo veía las finales de mierda
de la pedorra liga mexicana de futbol?
bueno, pues nada de eso le impidió largarse
mi nobleza, mi simpatía, mi comprensión
mi verga de burro siempre dispuesta a complacerla
-excepto cuando había partido de las chivas o del cruz azul-
que le comiera el chocho siempre que me lo pedía
-aunque el tufo a sardina me mareara a veces más que tres putos vasos de whisky-
que le diera masaje en las plantas de los pies cuando llegaba medio muerta
después de un turno de 10 horas en la cantina
que le hiciera piojitos en la cabeza para que le diera sueño más rápido
nada de eso influyó para disuadirla de abandonarme
una mañana temprano simplemente agarró sus cosas
echó todo en un par de bolsas y enfiló hacia la puerta
gritó "ahí te dejo con tus putos sueños de borracho marihuano,
cabrón pendejo inútil, bueno para nada"
y dio el portazo y nunca más volví a verla
luego supe que estaba en canadá
que vivía con un polaco cincuentón que le daba al trago
que de vez en cuando el polaco le metía unas verguizas de campeonato
hasta que una noche, más o menos tres años después de dejarme
el polaco, pasado de copas y puesto hasta el culo de coca
la terminó mandando con san pedro
siempre que escribo un poema acerca de beti
me cuesta mucho hallar la forma de terminarlo
quisiera escribir que ella sigue en algún lado
ya vieja, quizás, pero con su optimismo intacto
viviendo con algún tipo que la quiere y la consiente
dueña de una hermosa casa, tal vez a orillas del mar
tal vez en medio de un bucólico paisaje boscoso
o que volvió a méxico hace algunos años
y ahora vive en la vieja casa que su madre le heredó;
que a veces quedamos en algún café del malecón
para tomarnos un trago y recordar aquellos perfectos días
en que no fuimos felices ni tuvimos una historia de amor que te cagas
pero lo poco que teníamos era mucho más que lo que tenemos ahora
-ella, nada; yo, poco más que eso-
la muerte no existe, dicen algunos iluminados
sólo cambiamos de plano, de frecuencia
de vibración energética que fluye
en la corriente mística del ser:
beti, por tanto, es ahora
un árbol en alguna pradera en canadá
una piedra, un riachuelo, una nube, ve tú a saber
yo sigo emborrachándome con juan gabriel, envejeciendo, pensando
que mis grandiosos proyectos literarios
quedaron reducidos a escribir de vez en cuando
un poemita de mierda como este
que no salí de pobre, que no demostré nada
ni a los parientes de beti ni al mundo ni a nadie;
que sin embargo cogí lo suficiente, me metí en el cuerpo todo el alcohol que pude
y me pasé toda la puta vida haciéndome pendejo
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