martes, 9 de diciembre de 2025

sobre el inconveniente de suicidarse estando borracho


no deja de resultar un tanto irónico
que, siendo la vida el mayor de los regalos posibles
que el universo le otorga al ser humano
-un milagro irrepetible, le gustaba decir a mi padre-

y el único medio que tenemos para
intentar dejar una huella que trascienda
el efímero lapso donde fuimos
algo más que un simple cúmulo
de materia inerte e indeterminada

lo que a veces te acaba empujando, sin embargo
a tomar la decisión de quitártela
-cuando ya estás hasta el culo de ella-

no sea nada en absoluto trascendente
ninguna profunda cuestión de índole filosófica
sino algo tan simple como puede ser
caer en la cuenta, de pronto
de este pequeño detalle:

que podrías, por primera y única vez en los más de 50 malditos años
que llevas empinando el codo
zamparte un galón completo de jaks daniels, tranquilamente
y ponerte hasta el culo de borracho
sin tener que preocuparte lo más mínimo
por las desagradables secuelas de tu exceso

una cosa así de simple:
poder zamparte impunemente y sin el menor reparo
como si fueran agua
los vasos llenos a reventar de whisky
eufóricamente consciente del hecho
de que sin embargo no tendrás que vértelas
a la vuelta de unas pocas horas
con la insoportable realidad de siempre:

ningún dolor taladrando tus sienes, ninguna almohada vomitada
ni el menor rastro de culpa por haber vuelto a recaer
en las abominables garras del vicio
ningún estéril lamento porque te cortaron la luz
y las putas cervezas en el refri están calientes

ningún acerbo autoreproche, en fin
por ese último e imperdonable descuido en que incurriste
al haberte olvidado de dejar
-antes de tragarte los 40 diazepanes en la madrugada-
una puta notita para hacer saber al mundo
el postrer mensaje con que habías pensado despedirte:

vayan todos y chinguen a su puta madre




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