viernes, 20 de noviembre de 2015

POBRECITO HABLADOR DEL SIGLO XXI

MIÉRCOLES, 18 DE NOVIEMBRE DE 2015

Zurullos electorales



Ese par de dos, al ver que se les ponen las cosas magras en el trabajo, deciden organizarse en partido político y presentar su candidatura a las elecciones generales. La decisión la toman después de saber que una de sus compañeras, ante la incertidumbre de su futuro laboral,  ha creado un partido de la nada gracias al cual, ella misma y sus camaradas, intentarán ganarse la confianza de parte del electorado para poder defender así sus intereses en el parlamento de la nación. 

Poco después de tomar la decisión la pareja asiste asombrada al hecho  de que cientos de ciudadanos y ciudadanas, pertenecientes a diferentes colectivos sociales y profesionales han pensado en hacer lo mismo para defender lo suyo. Media España parece convencida de que la mejor manera de solucionar sus problemas y defender sus intereses corporativos y personales es optar a un escaño en el parlamento español, de manera que tendrán que competir por su espacio y por sus escaños casi  con tantos partidos como personas hay, cada cual con su programa y con sus objetivos.

Así es que, a pesar de la proliferación de candidatos, o precisamente a causa de ella, el tándem se dispone a diseñar y a ejecutar su particular campaña electoral; una campaña electoral de manual. Lo primero de todo es identificar al rival más directo. Después desprestigiarle. A continuación difundir el mensaje propio por tierra, mar y aire, utilizando todos los medios al alcance, pero sobre todo los medios de comunicación. Es imprescindible participar en debates televisados, convocar ruedas de prensa, acudir a entrevistas y organizar mítines masivos. Es necesaria también la  contratación de un spin doctor, para hundir en la basura al contrario, y sobre todo, mucha mala leche, mucha mala baba, la disposición clara y categórica  al enfrentamiento más enconado…

Dado que todos los partidos y todos los candidatos utilizan las mismas armas y la misma estrategia, el resultado es una batalla campal donde no se entiende nada y donde es imposible distinguir mensaje alguno, porque el sonido de las palabras se ahoga en el fragor desgañitado de los candidatos, empeñados en lanzarse toda clase de  improperios y reproches en forma de  sapos y culebras, más algún que otro ideograma oriental personificado. 

En un momento de la historia  el par de ellos  se detiene a observar dos carteles electorales pegados sobre una pared, cuyas efigies son, en los dos casos, sendos zurullos. Uno es imberbe y grita el lema  “Vota PSOE, por un país mejor”. El otro zurullo luce barba y gafas, y dice “Vota PP, por un mejor país”. Entonces, pensativo y con gesto de preocupación ante la visión de los dos carteles,  el subalterno del dúo le dice al superior “No sé jefe, algo me dice que la democracia de este país no es muy de fiar”. 

Esto que he descrito podría parecer real, pero no lo es. Es la descripción más o menos detallada de un libro que acabo de leer. Se lee en menos de una sentada, y se disfruta más si  durante la lectura nos acompañamos de esa música mágica que sonaba en las películas locas de cine mudo que la exclusiva TVE titulaba como “cine cómico”, con las que se hicieron célebres Charles Chaplin, Harold Lloyd, Buster Keaton,  Stan Laurel y Oliver Hardy; una banda sonora que conduce el ritmo de  todo tipo de trompazos, golpes, batacazos , bofetadas, caídas y resbalones de las que los protagonistas salen siempre indemnes, dispuestos a sufrir la próxima trompada. 

De algún modo, la lectura del libro me ha trasladado al pasado y me ha producido cierta nostalgia de mi infancia; pero sobre todo me ha hablado del presente y del futuro inminente, en concreto del próximo día 20 de diciembre. En este sentido me ha sorprendido comprobar cómo la historia más extravagante, ridícula y rocambolesca que se pueda pergeñar en base a todo proceso electoral se queda corta si la comparamos con la realidad.

Resulta curioso descubrir  cómo la celebérrima pareja chiflada que protagoniza la acción, y también los personajes con los que se relacionan, utilizan una tras otra todas las herramientas de que hoy día disponen los gabinetes de comunicación políticos. No sé si el autor habrá leído “Comunicación y poder” de Manuel Castellsporque, al leer las vicisitudes del popular dúo, uno accede al compendio caricaturizado de todas y cada una de las estratagemas que los políticos y el poder que los sustenta utilizan para incidir en nuestras mentes y lograr así nuestro entusiasmo o nuestro miedo; nuestra confianza o nuestro rechazo, tal y como explica Castells en su obra. 

Mientras disfrutaba de las locuras de estos personajes ya eternos me he acordado también de “El breve reinado de Pipino IV”, una novela gamberra y a ratos esperpéntica, obra de John Steinbeck, en la que el Nobel americano satiriza sin contemplaciones las democracias occidentales planteando una suerte de situaciones cómicas y absurdas que, precisamente por ser  descabelladas, podrían perfectamente darse en la realidad. Todo se desata en esta novela  cuando los partidos políticos de la Asamblea Nacional francesa no llegan a un acuerdo para formar un gobierno estable, de manera que nos les queda más remedio que restaurar la monarquía en la figura del último  descendiente de Carlo Magno, que no es otro que Pipino Arnulfo Héristal, un burgués tímido, discreto, que no necessita trabajar para vivir cómodamente, cuya única afición es la astronomia. Pipino se niega a ser coronado, pero no le queda más remedio que aceptar el cargo, así es que  se las tiene que ver con una galeria de sujetos, a cual más estrafalario, que pueblan un paisaje político corrupto, cercano y familiar. 

Pero el libro que acabo de leer no solamente me recuerda a otros libros. También a una sèrie de televisión norteamericana. Se trata de House of Cards, protagonitzada por Kavin Spacey y Robin Wright, quienes interpretan un inquietante matrimonio cuya ambición para lograr el poder es equivalente a su amoralidad y falta de escrúpulos con los que tejen sus conspiraciones para hacerse con el ansiado sillón del  despacho oval.

Esta serie ofrece el punto de vista más duro sobre la política y sus efectos que yo haya podido ver o leer nunca. Es, quizás, la ficción que major ejemplifica alguno de los temas que Manuel Castells desarrolla en “Comunicación y poder” , y es también otra manera de explicar lo mismo que nos cuenta el entrañable Ibáñez en las “Elecciones” a las que presentan candidatura  Mortadelo y Filemón con su Partido Mortadelista Filemonero Español (PMFE). Visto lo visto, me gustaría poder votarles. Al menos saldríamos airosos de otro batacazo, de otra decepción, sin un solo arañazo y dispuestos a nuevas aventuras.

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