martes, 17 de noviembre de 2015

Del blog LA MALQUERIDA.


lunes, 16 de noviembre de 2015

Calla conciencia






Me hicieron otro regalo. ¿Merezco lo que me dan? A lo mejor algo en mí es bueno. La última vez sin saber qué decir, Barry habló por mi. ¿Cómo es que me conoces tanto?

En mi interior hace bullicio el por qué.

Después de una crisis un tanto violenta asomo la cabeza. Salir de ella con la frente en alto se vuelve obligado. Estoy avergonzada. Presumo cordura, lejos estaba de tenerla la noche anterior. 

¿Alguien?

Mi cara se iba poniendo roja. Furia contenida. Destrucción. Hipaba sin control. Tenía mucho sentimiento. Lancé un grito de ayuda. Buscapiés trémulo. Bruno. Ecuánime ante la eventual locura de su madre, trata de tranquilizarme. Van surtiendo efecto las palabras pero no es suficiente. Cerrar los ojos no es recomendable.
Le hablo a Laura. No puede contestar. La dejo, bastante ha lidiado conmigo. 

¿Dónde estás?

¿Un amigo quizá? ¿Estás ahí? Las dagas atraviesan el corazón. Sobrevivir no es la mejor opción. Sus palabras de siempre sabias, no tuvieron efecto. Debo irme. Gracias.  Te quiero.

¿Qué pensará ella de ti?

Las noches deben tener menos horas para un insomne. Dioses del tiempo manejando a su antojo la sutil realidad. 
Las horas dando traspiés se marchan lento. Una cosa es cierta, las depresivas crónicas no pueden quedarse solas. 

¡Sácame de aquí!

Amanece el dolor de cabeza afianzado a mi pelo vislumbra un rosita por extrañas circunstancias. Se hace visible lo imposible. ¡Oh dios apiádate de quién en ti no cree!
La familia me saca a flote. Sin preguntas, sin miradas inquisidoras, sin reclamos vanos. Me abrazan, dándome besos curan las heridas invisibles de la batalla nocturna.

No me quedo sola, acompañan mi domingo. Bruno y su familia me hacen un regalo inesperado. Sin ser míos Sabina y Silvio me pertenecen. Sabina me dejó ver su ritual diario. Silvio me ofrendó un espectáculo único. Perdida un tiempo disfruto ver como se adaptan a sus circunstancias. Sus plumas se han vuelto brillantes. Me responden a los sonidos raros que les hago. Lenguaje cotorro.

A solas platico a Barry lo sucedido. Habla fuerte y claro. Adaptar el departamento antiguo para sobrellevar la crisis sin asustar a nadie. Estoy de acuerdo. Una inquietud solamente, ¿y si me hago daño?

Morbosa curiosidad.

No puedo dormir, el movimiento me lo impide. Se acabaron los somníferos. La cabeza me va a estallar en mil colores. Expropiada el alma admito sentirme con menos carga. La cabeza carente de ideas se vuelve un trasto manejable. 

Amanecí un poco desnuda de sentimientos. La estatura pequeña que poseo se hizo más chiquita. Estoy expuesta. Moviendo la cabeza reviso el suelo para saber si ha caído un poco de lucidez. 

Copas de árboles como cielo.

Hice un pequeño cuento a Danya para darle ánimos en fin de semestre en la universidad. Relaté un paseo imaginario. Lo hizo realidad. Cámara en mano recorrió el camino en el monte al que quiero regresar. Árboles con copas altas tapando el cielo. Recrear paseos infantiles. Caperucita y El Lobo tras de mi. Mejor no.

¡Lo encontró! Un hongo a su vista. Encontró el hongo de mi historia. Hizo dos vídeos. Falta la última parte, encontrarnos para pasear juntas en ese paraíso donde habita. Con razón a su corta edad es tan sabia. Y no sólo vive en él sino que está estudiando para preservarlo.

Mi cuerpo ausente de medicamento por más de doce horas sigue sin obedecer. Hace falta una dosis de realidad para saber dónde estamos parados.

Desnuda estoy, queda poco por cubrir. La vista es más clara desde aquí.


Y ya, es todo. 

















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