jueves, 18 de septiembre de 2014

JOSE VILLA, DEL PORTAL MUNDO POESÍA

QUÉ GRANDE ERES, PENDEJO

e hundo cada día más
en la mediocridad de mi pendeja vida mientras pienso
que en realidad no importa gran cosa
ni tiene mayor trascendencia el hecho
de ser uno más entre tanto
cero a la izquierda que anda por ahí
de un lado a otro embarcado día a día
en las pequeñas y estúpidas tareas con las que intentan
dar forma al anodino entramado de sus vidas
creyendo que basta con moverse y hablar y expresarse
y relacionarse con otros perdedores y fracasados como ellos
para hacer adquirir cierto relieve a la volátil
y difusa sustancia de que está imbuido su ser
o tomarse fotos en sus momentos estelares y subirlas al facebook
para inmortalizar eventos tan mierdosos como el cumpleaños
la fiesta de año nuevo, el bautizo de un hijo, una tarde en la playa
o la petición de mano en aquel restaurante de moda
como si no se percataran de que al fin todos cumplimos años
todos hacemos fiesta en año nuevo, bautizamos a nuestros hijos
vamos a la playa y alguna vez incluso
hasta estuvimos enamorados de una chica
-y pedimos su mano y nos casamos y tuvimos una casa
y fuimos felices por un tiempo no tan prolongado
como a nosotros nos hubiese gustado que fuese, y después de eso
infelices ya y atormentados para siempre- 
me hundo sin pena en el viscoso fango
de la pestilente ciénaga donde transcurren mis días
soy un tipo solitario y me asquea la gente
me encierro en casa y no asomo la nariz a la calle 
durante semanas y cuando lo hago
es solo de madrugada y porque necesito resurtir
mis provisiones de comida y alcohol y tabaco
o una puta para sacudirle el polvo a mis huesos
no tengo facebook y aun si lo tuviera
tampoco se me ocurriría andar subiendo fotos de mi jeta 
para que así el mundo entero pudiera enterarse al verme
de lo deprimido y jodido y solo que me siento
sin embargo de vez en cuando me da por escribir poemas
donde a fin de cuentas hablo de todo ello
y cuento por ejemplo lo jodido que estoy 
desde que aurora se fue y me dejó bailando en la cuerda floja
como si alguien realmente quisiera saber 
cómo me siento o le importara mi ineptitud para ser amado
y el sufrimiento de mi corazón y el hondo espasmo
que me recorre el alma al contemplar la vacuidad que me circunda
soy igual que todos y carezco de la autocrítica
necesaria para discernir que las vicisitudes
que conforman mi vida no tienen mayor relevancia
que el breve y fugaz aleteo de una mariposa 
posada en cualquier rama de uno de los miles de árboles
que pueblan las verdes colinas boscosas al este de japón
y que si estoy triste o feliz o me duele una muela
o me violaron anoche entre dos negros al salir borracho
de la última cantina donde entré a tomar la del estribo
a nivel cósmico dicha circunstancia vendría siendo equivalente
al hecho de coger con un par de dedos por las alas
a la ya antes mencionada mariposa del profundo y susurrante bosque
y aplastarla y hacerla mierda lo mismo que si fuese
un jodido y molesto piojo del que nos desharíamos 
sin pensarlo mucho y apenas en cuanto pudiésemos 
echarle el guante para librarnos de su asquerosa
y absurda y aberrante y patética presencia

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