UNA HISTORIA CON MUCHA MIGA.
Entramos en el bar de la esquina. Sé que te apetecía presentarme a tus amigos. Los localizaste enseguida y tu cara se adornó con esa sonrisilla del que no puede contener la alegría. Sonrisilla de gilipollas, que dice mi madre.
Tus amigos pusieron otra cara. Cara de asombro. No esperaban verte aparecer con una acompañante. Nunca les hablaste de mí.
Hiciste las presentaciones pertinentes sin que sus caras de asombro mutaran.
Durante todo el tiempo que estuvimos allí, ellos te dirigieron miradas interrogantes y se mordieron la lengua, claro, yo estaba presente.
Nos invitaron a cenar con ellos pero dijiste que ya habíamos cenado y que sólo habíamos pasado a saludar.
Nos dirigimos hacia la plaza, camino del hotel.
Al llegar a la habitación, te dí dos collejas y grité:
-¡¡Serás imbécil!!¿Por qué les dijiste que habíamos cenado?-pregunté.
-¿Tanto te avergüenzas de mí, qué ni tus amigos me conocen?-dije enojada.
¡¡Lo siento!-contestaste en un susurro.
-¿Qué lo sientes?¡¡ Eres un cabeza hueca!!
-¡Vete ahora mismo por dónde has venido y no quiero saber más de ti!-repliqué.
Llamé a recepción para que subieran unos bocadillos y una botella de vino.
A los cinco minutos llamaron a la puerta y al abrirla, mi cara de asombro hizo sonreír al camarero.
Era él (mi novio) vestido impecablemente y realmente guapo.
Cerró la puerta suavemente y me llevó a la cama, donde abrimos la botella y bebimos entre beso y beso.
Mientras bebíamos vino, me dijiste que, arrepentido por tu falta de confianza hacia mí, le robaste la ropa al camarero haciendo el salto del tigre sobre su espalda y tras perder el conocimiento, el camarero claro, le quitaste la ropa y, escondiéndole en el cuarto de la ropa sucia, subiste a mi habitación, para intentar reconquistarme.
Pero lo que no sabías es que yo, picarona que es una, había quedado con tu amigo Juan para darte celos y al entrar éste se liaron a puñetazo limpio.
Llamé a seguridad ya que no había manera de separarlos.
Me dio un ataque de ansiedad, llamaron al 112, las camareras también entraron para enterarse de lo ocurrido y ver que podían sacar en claro, ya que una de ellas, era una iniciada en las novelas de amor y deseaba tomar nota.
Pero ahí no queda la cosa.
El conductor de la ambulancia era un antiguo novio y al verme en ese estado la emprendió con los dos (él y Juan), atizándoles con el extintor....¡¡Estaba preso de un ataque de ira!!
Uno de sus compañeros fue a inyectarle una dosis de tranquilizantes, con tal mala fortuna que resbaló con la alfombra que estaba enrollada en el suelo, porque las camareras al ver como se ponían las cosas, la quitaron de en medio para no tenerla que limpiar.
En ello estaba el compañero cuando, como dije, resbaló y le clavó la inyección a uno de los agentes de seguridad que cayó fulminado al suelo.
Al desplomarse, la pistola que llevaba encima con el seguro quitado(a quién se le ocurre) dejó escapar un balazo, dando justo en la hermosa lámpara de araña, que se desplomó sobre los allí presentes.
La fortuna no les sonreía ya que la bala, al hacer caer la lámpara se llevó con ella una tubería de gas.
Tras esto vinieron quinientas ambulancias y doscientos coches de policía, porque se había armado tal jolgorio que los clientes del hotel se congregaron a las puertas de la habitación.
Veinte euros en primera fila, a partir de la tercera a diez. Ese fue el precio que cobraba el gerente del hotel ya que aceptaba sobornos por haber sido gánster en sus tiempos de juventud.
Lástima que al desplomarse la lámpara con medio techo sobre los presentes los billetes salieran volando y la gente iba en masa al hotel pensando que regalaban dinero.
Uno de los clientes, encendió un pitillo y el edificio voló por los aires (y eso que pensó “este es mi último pitillo, mañana dejo de fumar”) .
El hotel se destruyó presa de las llamas.
El gerente del hotel, antiguo mafioso venido a menos, se largó con la pasta viendo lo que sucedía.
Pero, heme aquí que, antes de que ocurriese el incendio fui tras él.
A la carrera me subí al tren que tenía como destino Mónaco.
Tales son mis dotes de seducción y enamoramiento que con una mirada penetrante y lasciva se quedó anonadado, y eso que tenía los pelos revueltos de tanta carrera.
Aproveché el lapsus de embobamiento para atizarle con mi bastón tuneado y bajarme en París.
Y aquí me hallo entre algodones, con una pasta en el banco y un macizo a mi lado.
Lástima que tuvieras que morir, mi querido novio.
Por cierto, si preguntan por mí la mafia rusa o el FBI, jamás me habéis visto.
Ya lo sabes*L* tendremos que sonreír aunque se nos caiga el mundo
Pátras ni para coger impulso.
Te quiero.
Ya lo sabes*L* tendremos que sonreír aunque se nos caiga el mundo
Pátras ni para coger impulso.
Te quiero.
jajjajajjaajajaj me meo. Besos fierecilla.
ResponderEliminarYa sabes Loli,al mal tiempo,buena cara.
ResponderEliminarBesazos.