Gritaré lo que quieran por no sentirme odiado
Gritaré lo que quieran por no sentirme odiado
GABRIEL CELAYA
Cuántas veces he escuchado esa
expresión. La que dice que lo importante es que hablen de uno. Pero cómo
va a ser bueno que hablen mal de uno.
Por esa regla de tres, Judas o
Nerón o Torquemada o Hitler deberían estarnos muy agradecidos, pues no
otra cosa hemos hecho que hablar de ellos. La frase que denuncio,
además, tiene a veces un añadido aún más estupefaciente, “Lo importante
es que hablen de uno, aunque sea bien”, que nos quiere decir que la
crítica negativa te da más realce, te proporciona mayor relevancia. ¿Y
entonces Gandhi, Mandela, Luther King? ¿Hablar mal de uno sería mejor
que hablar bien? Qué solemne majadería.
Vengo sosteniendo que la
escritura crea realidad. El pensamiento inventa razones atendiendo a las
sinrazones. Existe en algunas frases una malignidad nada secreta que
satisface nuestros deseos ocultos, frases que no son ciertas pero que
nos gustaría que lo fueran. Es el poder de la estética, de nuevo esa
muchacha.
Puedo entender que exista gente a
la que se la refanfinfle lo que opine de él alguien lejano o envidioso o
tonto o equivocado. Ya decía John Fitzgerald Kennedy que, hagas lo que
hagas, siempre existe un 20% de personas que se oponen. También puedo
entender que las críticas negativas formen parte de tu vida cuando uno
ha decidido darse a conocer, porque uno nunca puede ser un dechado de
perfección, pero fuera de eso, ¿cómo no te va a molestar que gente
honrada o cercana hable mal de ti?
Yo quiero que se hable bien de
mí. No me resigno a una relevancia lograda negativamente. Dice otra
frase pariente de la que vengo tratando que lo importante es no causar
indiferencia, y tampoco estoy de acuerdo. Prefiero causar indiferencia a
causar negatividad. Me será imposible conseguirlo nunca, pues no voy a
cambiar mis comportamientos esenciales, pero siempre lo intento. Y creo
que a la mayoría le ocurre lo mismo que a mí, que es extraordinaria en
sus intenciones y luego falla en el desarrollo de esas intenciones. Pero
qué coño va a desear la gente que se hable mal de ella, eso no me lo
creo, no-me-lo-cre-o.
.

De tí Batania no puede nadie hablar mal ni ser indiferente, de tí solo se puede hablar bien. Abrazos.
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