domingo, 30 de octubre de 2016

el inevitable desgaste del amor


las cosas fueron bien por un tiempo:
ella estaba a gusto conmigo y yo
era feliz teniéndola a ella;
pasábamos juntos las horas libres de que disponíamos
y nuestros intereses eran practicamente los mismos:
leer noveluchas de detectives, oír a juan gabriel, ver futbol, ver porno
y luego echar un palo en el sillón, con un seis de cerveza a un lado;
(aquí podría añadir "mis amigos envidiaban mi suerte"
pero la realidad es que ya todos mis degenerados amigos están muertos,
y a la poca gente que conozco no le cuento nada de mi vida sexual)
en fin, ¿qué más puede pedirle uno a la vida?
fueron bien por un tiempo, entonces, las cosas -un año o poco más-
y después, imperceptiblemente, como la película de óxido
que empieza a deslizarse indetectable sobre una superficie metálica
la ruptura comenzó a gestarse silenciosamente
en las profundas concavidades de su intimidad;
no hay forma de explicar cómo o porqué
ocurren estas desafortunadas situaciones:
quizás yo la cogí con demasiada fuerza alguna vez
o puede que ya desde su origen ella llevara dentro aquella funesta
predisposición
el caso es que, una soleada y hermosa mañana de domingo
mientras yo me la cogía en el intermedio de un partido de la premier league
la doble capa ultraresistente de su coño se rasgó repentinamente
y por el boquete así formado se escapó luego sin remedio

hasta la última molécula de aire del interior de mi muñeca inflable




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