miércoles, 10 de agosto de 2016

el día que yo me muera


el puto perro del vecino se pasará ladrando
(¡ahora mismo está ladrando, el hijo de la chingada!)
20 minutos promedio cada hora, como cualquier otro día
sin inmutarse lo más mínimo por que uno le grite
"¡cállate ya puto perro de mierda, que me tienes hasta el culo con tus ladridos!"
-muerto yo, por mí que ladre sin parar hasta que le reviente el gaznate
y que le pongan además un micrófono con amplificador delante del hocico
para que sus putos ladridos se oigan hasta la estratósfera-
mi última ex novia llamará por teléfono la docena de veces que llama cada día
para dejarme en el contestador los tiernos mensajes que suele dictarle
la bondad y dulzura subyacentes a su encantadora forma de ser:
"el puto dinero de la pensión sigue sin llegar, estúpido cerdo"
"eres un comemierda hijo de puta, villa"
"eres la peor cagada que hay sobre la tierra, un inmundo gusano, un piojo apestoso"
"el niño y yo llevamos ya tres putos días comiendo puros frijoles y tortillas, cabrón:
¿cómo te sentaría que me pusiera a putear para sacar dinero de algún lado
y que tu hijo tuviera que oírse llamar "hijo de puta" por tu culpa, hijo de puta?"-
-morido yo, por mí que llame 200 veces si eso la hace feliz
y desahogue sus frustraciones mentándome todos los adjetivos oprobiosos que se le ocurran
de todos modos yo no estaré en condiciones ya de enterarme
de ninguna de sus pendejas palabras llenas de veneno y rabia-
el hijo de perra de la tienda mandará a uno de sus empleados, como cada mañana
a cobrarme los 3000 pesos de la deuda que tengo acumulada con él
a cuenta de cerveza, cigarrillos y paquetes de condones
que me estuve pimplando en los últimos tiempos,
y a repetirme que si no liquido por lo menos una fracción de la misma
antes de que termine la presente semana
tendrá que recurrir a tomar medidas persuasivas de otra índole
(es decir, que contratará a un matón para que me rompa las piernas)
-expirado yo, por mí que se meta la dichosa deuda por el culo
y se tenga por afortunado de que no haya sobrepasado los 3000 pesos,
una ínfima cantidad si se compara
con los 15000 que dejé sin pagar allá por los rumbos de cuautla
el pueblo donde estuve viviendo hasta hace todavía un par de meses
y donde maldita sea si me vuelven a ver el polvo alguna vez-
el día que me muera no dejará de aparecer, desde luego
algún pendejo testículo de jehová que hará todo lo posible
por que yo abra la puerta para poder anunciarme
que el fin del mundo está cerca, que debería prepararme
para que jehová entre en mi vida y así yo pueda quedar incluido
dentro de su grupo de elegidos que gozarán de magníficas prerrogativas
una vez haya él expulsado de la tierra en su infinita sabiduría y comprensión
a todos los inicuos, los pecadores, los taxistas, los choferes de camión urbano
los sacerdotes pederastas, los poetas masturbadores que escriben poemas pornográficos;
los maricones, las tortilleras, los que cogen con perros
los usuarios de sitios porno, los poetas pedorros que escriben almibarados e insulínicos poemas
llenos de putas maripositas y abejitas y gorrioncitos y florecitas en mi corazón;
los dueños de congales y cantinas, los que se cogen a sus propias hijas
las teivoleras, las que fichan por libre, las solteronas amargadas que se meten
cualquier cosa en el coño en lugar de dejar que se las coja un hombre etc etc
-¿no estará un poquito amargado ese hijo de puta del tal jehová?-
e instalado en ella -en la tierra, jehová, ya que acabe con toda la escoria nombrada arriba-
un hermoso jardín lleno de amables hermanos de la congregación
dispuestos a recitarte sus putos versículos bíblicos así no vengan a cuento de nada
-difunto yo, por mí que se acabe el mundo
que desaparezcan los congales y que se acaben las putas
que le corten los huevos a fidel castro y a trump y a merkel
y que jehová vaya a sentarse en la punta de la verga del primer burro que encuentre-
el día que me muera saldrá el sol por donde siempre
hará un poco de calor a mediodía y quizá se nuble más tarde
el viento andará corriendo de un rincón a otro, para no variar
y a su paso removerá las hojas de los árboles, levantará los papelitos
que la gente puerca tira en las calles; hará oscilar los cables
de corriente eléctrica tendidos sobre las casas;
se colará también por debajo de mi puerta en rachitas ocasionales
que transportarán los usuales fragmentos de polvo adheridos a sus faldas
y hará balancearse, como si fuera una res muerta agarrada de un gancho en el matadero
el bulto con figura de hombre que estará amarrado de una soga al cuello
colgando del ventilador del techo, y al que por obvias razones
ya no podrá causarle la menor inquietud ni el menor sobresalto
el puto perro que ladra todo el día en el patio de la casa de al lado, la voz chillona de la mujer
que insiste en dejar sus horribles mensajes en el contestador
-"recuerda que tú me acosabas, que tú me violaste, que tú eres un hijo de puta, villa:
yo era tan sólo aquella virgen pura, inocente y desinformada
que no tenía ni puta idea de las consecuencias que podía traer coger sin cuidarse
y que se dejó metérsela sin resistir y además que tú le echaras toda tu porquería adentro;
la pendeja que no abortó cuando se vio embarazada porque tú le prometiste
que siempre estarías a su lado y velarías por el fruto de su amor,
pero que desde que nació el tal fruto no te ha visto la puta cara ni dos veces"-
los golpes que da en la puerta un fulano con pinta de matón de barrio mientras amenaza:
"¡voy a tumbar la puerta si no abres ahora mismo, hijo de la chingada!",
ni el batallón de mosquitos acoplados a distintos puntos de su rígido cuerpo
que chupan la sangre ya fría y aún con regusto a alcohol y derrota

del mejor poeta de los últimos tiempos, que por fin descansa ya en paz




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