martes, 1 de marzo de 2016

SARCO LANGE





quizás esperabas un arma de esas que son de acero bruñido 
o que hiciera una urgente llamada
ahí/ en tu barrio limítrofe de Lorazepam 

¿cuántas veces te levantaste desde una cama de hospital y quisiste ser el señor que limpiaba los inodoros con los audífonos puestos escuchando cualquier cosa menos lo que tú no podrías escuchar jamás?

no te hablaré de pastillas ni de cuentas ni de mi viejo ni de tu vieja ni de la paliza que me dio la vida cuando esperaba el recorrido 209 camino a tu selvático humedal

me dais asco
sois crueles

sois una pandilla de bastardos y bastardas

sé que todos acabaremos muertos en esta vida que bien vale la pena vivirla desde la pieza oscura donde se queman los hijos

los míos juegan en las nubes

inmortales

lamento desde lo más profundo de mi alma haber descubierto el gran poder de conocer personas sin la más mínima integridad moral en el acoso 

en mi saco os meto a todos/ os escupiría con mi beso en vuestras bocas limpias y luego me iría a una iglesia a contraer sagradas nupcias con el primer perro vago que encontrara en mi camino

recién después/ y agotado como el alzheimer de vuestro vino sucio
me lavaría los dientes 
para vestirme de blanco
y pediros hambre para saciarme en la sed

¿alguna vez te he pedido algo?
jamás te he pedido nada
nómbrame una sola cosa que te haya pedido y si te alcanza el mareo para descubrirla dímela,
dímela y me aplico ahora mismo un disparo en la cabeza donde me pariste el diablo 
en un nido de carmín 

mejor me emborracho hasta perder el sentido porque sólo así no te veo

y si te veo
te veo difusa

¿que se me desperfila el poema?
¿y a ti quién te dijo que un poema tenía que estar perfilado para ser escrito?

allá ustedes con sus ataques de junturas
y que cristo os bendiga los pies helados

me dais asco del bueno/ del mejor/ del que se aprende
pero no quiero aprender nada
ya aprendí lo más importante:

que para largarse a ver un entierro de pañuelos en el viento
es preciso cerrar los ojos

cerrarlos bien
para que te preguntes en silencio
y sentada en la última butaca
dónde mierda te vas a meter las flores
sin que las espinas te rajen la memoria




no es amargura mi amor, 
sólo que así se aprende la belleza








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