lunes, 22 de abril de 2013

RAFAEL REIG. ESCRITOR. BLOG AMIGO.

Rafael Reig, blog, escritor, novelista, literaturaPues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario. Corrijo: sólo permitiré que se publiquen los comentarios que a mí me dé la gana y no daré ninguna explicación al respecto

Equipajes de mano

Cuando llegué a Salamanca hacía un sol despiadado, frente al que Álex Martín Escribá me ofreció el escudo de una cerveza inmediata y protectora.
Bueno, quien dice una dice dos o tres.
Había por todas partes muchos estudiantes, como en aquella viñeta de Forges: cuidado, Mariano, ¡un estudiante!
En Salamanca, los estudiantes, más que indignados, parecen agotados: detectan en seguida las escaleras y se sientan en ellas. Hasta un bordillo de acera les vale, con tal de estar sentados y apelotonados.
Cuando llegó Javier Sánchez Zapatero comimos con parte del equipo de organización.
Javier y Álex son lo que se suele llamar el alma del Congreso de Novela y Cine Negro de Salamanca, que este año celebra ya su novena edición. Esta es la web. Es decir, que se ha convertido en lo que se suele llamar un punto de referencia o cita inexcusable para los adictos al género negro.
¿Punto de referencia? Ése era yo en mi juventud, el gordo de la clase, un ser humano convertido en punto de referencia, de gran utilidad para dar indicaciones de dirección. ¿Dónde está el baño? Allí, detrás del gordo. ¿Por dónde queda la calle Cedaceros? Mire, tiene que girar por donde va aquel gordo. ¿La cafetería Nebraska? A la izquierda del gordinflas, dos calles mas abajo. Qué vida tan triste, aunque muy beneficiosa para los demás, la de un indicador de tráfico.

Después de comer, nos fuimos al sitio de la charla, esquivando estudiantes sedentes, y allí derramé unas lagrimas frente al cadáver de la novela negra. Luego nos reconfortamos con bebedizos en una terraza hasta que llegó la hora de ir al cóctel de entrega del I premio Pata Negra. Me encontré con el amigo Luis García Jambrina, al que no había vuelto a ver desde que estuvimos secuestrados juntos en Verines, donde nos obligaron a darnos conferencias unos a otros sin parar hasta que lo confesáramos todo. Aquí estoy en la terracita, enjugándome las lágrimas derramadas en la misa de cuerpo presente por la novela negra.


En el cóctel, llegó por fin el solemne momento en que María Luisa Martín me entregó el codiciado galardón:

Pensé en besarlo, como hacen los tenistas y otros atletas con sus trofeos (a los que creo que llaman ensaladeras), pero ¿cómo darle un beso sin darle acto seguido un mordisco?
La eterna duda, ¿verdad?
Así que, para no caer en la tentación, decidí utilizarlo como guitarra:

Con mi reconocida habilidad para interceptar el paso de camareros con bandejas, conseguí tomarme numerosas copas y algo de picar en un tiempo record, y sin dejar de salir cada equis minutos a la puerta a echar un cigarrito y chicolear con las señoras.
Tuve una animada conversación con un detective privado, cuyo  nombre no puedo revelar, para no poner en peligro su seguridad personal.
También mantuve otra conversación, más susurrante, con una señora, cuyo  nombre tampoco puedo revelar, para no poner en peligro mi integridad física.
Y hasta aquí puedo leer, como Kiko Ledgard.
A la mañana siguiente, en la estación de tren, me pavoneaba presumiendo de mi equipaje pata negra.
Y es que, francamente, entre llevar en la mano un maletín o un ordenador y llevar un jamón, ¿qué te parece más distinguido, atractivo y hasta con cierto halo de misterio?
El jamón, nos ha merengao.
Aunque eso sí, me vi convertido de nuevo en punto de referencia. ¿El baño? Por donde está el tío del jamón. ¿La taquilla? Para donde va ése que lleva un jamón. ¿El tren para Madrid? Alli, donde hay un tío con un jamón en la mano.
Nunca dejamos de ser lo que ya hemos sido, qué le vamos a hacer.

2 comentarios:

  1. Encima en salamanca, que envidiaaaaa, sana, pero envidia. Un besazo

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