Sálvame
No me sometas al pairo
de tu total ausencia,
deja que tus brazos de barca me lleven
a dónde rompe la tempestad,
acantilados tengo que merecen la pena.
En la quietud me ahondo
y me cimento
y allí donde naufragan todas
cuando ruge la tormenta,
tú,
invicta aún de mí,
me salvas de la gloria.
Great :)!
ResponderEliminarGenial,genial,genial. Besos, Tomás.
ResponderEliminarQue casualidad, en el mismo instante los dos comentarios. Y son las 17.08, tengo que arreglar el reloj, Tomás eres genial.
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