viernes 24 de febrero de 2012
El arte de beber
Fackel, muy amablemente , me ha
permitido hacer uso de su magnífico texto para elaborar esta entrada.
Nada más leerlo esta mañana, me impresionó especialmente, y me gustó en
la misma medida. Al pairo de su lectura, probablemente motivada por
haber conseguido "saciar mi sed" a través de él, recordé esa fotografía
con la que lo acompaño.
Aquí el espléndido blog de Fackel: La antorcha de Kraus Ésta, la entrada donde lo encontré
Muchísimas gracias, Fackel.
"siempre me ha parecido que un poema
es toda una experiencia, le replico; sin duda, dice y retoma el hilo, y
no solo leerlo, como señalaba Wallace, que lo es también; y como lo leas
y a quien se lo leas; porque, a ver, ponte a pensar en ello: el autor,
¿cuántas veces se recita a sí mismo sus propios versos?; escribir un
poema es ya una recitación; ese esfuerzo inicial de extraer de la
materia difusa que lleva dentro de sí elementos que le digan algo;
luego, separar la ganga de la mena; y ese tira y afloja, el abandonar y
el ponerse de nuevo, la confusión y la certidumbre, la bruma y la luz
que le sucede, la parada y el paso nuevo; en definitiva, una tensión
entre la voz que es muda y el silencio que habla; llegar al punto en que
lo que intuía y deseaba prospectar se ha convertido en el significante;
y ese punto puede ser una ilusión, pero es la ilusión que el perseguía;
y en ese proceso ¿no hay acaso una declamación incesante que se crea y
se destruye a sí misma?; ¿en qué punto da por hecho un poeta que tiene
terminada su obra?; ¿reside en el corpus de intenciones y significados
que le han impulsado o en la musicalidad que en un momento dado parece
que le remitiera al comienzo?; eso querría decir que la música y la
poesía estarían unidas por alguna suerte de vínculo y se reencontrarían
en algún recóndito territorio de su expresión, me atrevo a apostillarle;
acaso, dice, si alguna vez soy capaz de ocupar ese espacio misterioso y
sin fondo, te lo diré, pero mientras me dedico a la experiencia de leer
los poemas para experimentar lo que dicen; es en ese momento cuando
traspaso la frontera sintáctica y percibo los objetos, los paisajes, las
almas, sus pasiones; ya no leo siquiera, me he aislado de la capa que
envuelve y palpo cada acto que existe allí, dentro del poema; ha puesto
sus dedos en la cristalera y ha jugado a rozar extraños reflejos en la
ventana"

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