lunes, 13 de febrero de 2012

Rafael Reig, escritor. Blog amigo.



El payaso de Reig

Esta tarde iré a la Fnac a la presentación de Años lentos, de Aramburu. En principio a aplaudir, salvo que sea más divertido reventar el acto.
Si te apuntas, allí nos vemos.
La semana pasada estuve on the road again, en Plasencia y Cáceres.
Me fui con un catarro que exigía una petaca de whisky en el bolsillo de la trenka, sobre todo porque los trenes regionales ni siquiera tienen bar, sólo una máquina con refrescos, patatas al punto de sal y chocolatinas estrambóticas con nombres impronunciables para los pasajeros.
Daba lástima ver a tantos adultos comiendo patatas fritas de esas de bolsa y barritas de cereales.
En Plasencia me fui con Juan Ramón Santos y Nicanor Gil al bar del hotel. Allí habíamos quedado con Gonzalo Hidalgo Bayal, que estaba también con catarro.

Bebimos lo nuestro, no te creas, pero debió de ser bastante menos de lo que trasegó el camarero, que no consiguió sostener el móvl con firmeza en ninguna foto. Aquí estamos, borrosos e nuestro lado de la barra, yo, Nicanor, Gonzalo y JuanRa.
De allí nos fuimos echando viruta al Aula Gabriel y Galán, donde di una charla para hablar de mi libro, faltaría más. Lo pasamos bien y nos fuimos después a cenar, y le pedimos que nos hiciera una foto a Eugenio Sánchez Bravo (íbamos ya un poco escarmentados con los camareros y su pulso):
Nica, yo y JuanRa.
Y aquí estoy con Eugenio:
Durante la cena me fui desmoronando hasta convertirme en un esponjoso cóctel de mucosidades y whisky al que los piadosos amigos transportaron al hotel.
Cuando me desperte, el catarro seguía ahí.
Y yo tenía que ir al Instituto Gabriel y Galán para hablar con los chicos.
Me conecté a internet y vi en seguida un twitter de uno de aquellos estudiantes. Decía:
“No sé quién será ese payaso de Reig, pero nos perdemos matemáticas y economía, ja, ja”
Ésa es la actitud más acogedora. Me dio fuerzas para levantarme y redobló mi confianza en mí mismo: por mal que lo hiciera, más divertido que una clase de mates o de economía no creo que me costara ser.
Antes de ir al Insti fui a visitar la librería de mi amiga Cristina, antigua alumna de Hotel Kafka, La librería se llama Puerta Tannhäuser y tiene bar, es muy acogedora. Una maravilla en el centro de Plasencia.

Aquí estamos Cristina y yo en la librería.
En el Insti,  creo que conseguí divertirles, aunque sólo fuera por la visíón de mis ojos vidriosos, mi voz gangosa y las estalactitas o carámbanos de moco reseco que me colgaban del bigote.
Les expliqué lo mejor que pude quien es este payaso de Reig.
Tras la charla, comí con los profes y conseguí convencerles para que nos tomáramos los whiskies de sobremesa al aire libre, fumando como endemoniados.
Fumar no sé si será malo para la salud. Fumar en la  calle es seguro que sí.
Salí pitando a coger el autobús para Cáceres.
Dormí como un bedito todo el trayecto y al llegar me estaba esperando Mariangeles Pedrera, mi pastora en Cáceres, un encanto.
Dejé la mochila en el hotel y fuimos al Aula José María Valverde, a dar una charla.
Conté que había conocido al gran José María Valverde, en Barcelona, hace milenios y en otra de mis vidas (en la lectura de tesis de mi tío Ramiro).
A algunos creo que les pareció muy probable que también hubiera conocido a Gabriel y Galán: tal era mi envejecido, gastado, destartalado aspecto, con ronquera, estallido de toses y trompetería al sonarme los mocos.
Para cuidarme un poco el catarro, después de la charla nos fuimos todos de copas hasta las tres de la mañana.
Al día siguiente, tras unas cañitas con Mariangeles al aire libre, fuimos al Instituto Al-Qàzeres. Espero haber esstado algo más tolerable que la otra opción: clase de ciencias.
Había un profe allí que me pareció familiar, pero sólo al rato, cuando salió en la conversación Montánchez (a cuenta del jamón), mencioné que yo era muy amigo en Montánchez de los Nogales.
-Pero si yo soy Nogales.
-¿Tú?
-Yo, tú serás amigo de mi hermano Pablo.
Exacto. Pablo Nogales y yo somos casi familia, coño. Le conté que Pablo se pudo ir a la mili porque mi madre lo arrastró desde un sofá de casa a la ducha (con agua helada): si no le habrían declarado prófugo. Si hasta compartimos algunas novias (ya no recuerdo si de forma sucesiva o simultánea). Si yo me sé versos enteros de memoria de su libro El arte de la espera.
César Nogales, el hermano mayor, la verdad es que se parece mucho a Pablo, tiene el mismo humor disparatado y la misma voz nerudiana con la que Pablo mejora sus poemas al recitarlos y con la que tantas chicas me ha levantado, porque es que era oír recitar a Pablo y ya se desabrochaban otro botón de la blusa.
-Mi gran proyecto es hacerme portugués -nos confesó César.
-Muy noble vocación, ya lo creo.
-Sólo viajo a Portugal.
-Para volverte portugués hay que esforzarse y merecerlo, tío.
-Cierto, tengo la casa llena de toallas.
Comimos (de más está decirlo) bacalao.
César y Mariángeles me llevaron al tren, en el que me dormí hasta Atocha, trasbordé al tren a Cercedilla y volví a dormirme hasta que me despertó la sombra de los Siete Picos.
Feliz, porque lo pasé de verdad estupendamente en Extremadura, aunque eso sí: he vuelto mucho más acatarrado que antes.
Me pregunto por qué.

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