El humano más solo del Planeta
Desconexión total, visión global.
Se han cumplido 28 años desde que el primer ser humano, un 12 de febrero de 1984, realizase el primer vuelo libre en el Espacio exterior. Cortó con todo “cordón umbilical” que le atase a la Tierra. La alta tecnología le favoreció una experiencia sin igual y ello contribuyó, como a tantos otros, a una nueva toma de consciencia en el hombre moderno.
Bruce McCandless, astronauta de la NASA, se separó a 100 metros de la nave Challenger sin ninguna atadura y con la firme convicción de que estaba haciendo una más de sus profesionales tareas. Los resultados de su heroica experiencia sirvieron de mucho para la investigación espacial y su desarrollo. Pero ocurrió algo más, quizá más importante que el resultado técnico. La sensación vivida modificó completamente su visión de la vida y nuestro concepto de ‘la realidad’ y sus parámetros.
Ya cuando el hombre pisó la Luna por primera vez, la expectación y el asombro en todo el mundo fue brutal. Con los años, el número de expediciones aumentó enormemente, incluso muchas sin nuestro conocimiento, pero la poca divulgación en los medios y los distintos problemas que aquejan al ser humano “de a pié”, hizo que estas hazañas espaciales sean vistas como algo corriente y se les preste menos atención. Sin embargo, en muchos ha ido calando la idea de un nuevo concepto de nuestra verdadera situación Cósmica. No son pocos los astronautas, independientemente del país de origen, que luego de experimentar esas sensaciones, han dado un giro de 180º a sus vidas al volver a la Tierra.
Parece que por más que estén preparados en el plano físico y psicológico, hay un plano que aún no está controlado, la sensación de la soledad más absoluta. Indudablemente lo que tienen delante de sus ojos, la magnificencia del Universo, atraparía la mente de cualquiera. Pero la cosa va más allá, parece existir un ‘reencuentro’ de sí mismo con el Todo.
Las maravillas infinitas del Cosmos nos hacen comprender la forma en que somos parte de un Todo y logramos un total autoconocimiento. Se nos despierta ese mundo interior encarcelado por las cosas mundanas. Se potencia el sentido de la Trascendencia y de todo lo que va unido a él. Realmente es una experiencia para ser vivida por todos los seres humanos, pero no todos tenemos la posibilidad, de momento de viajar por el Espacio y contemplar sus bellezas. Sin embargo aquí en la Tierra, nuestro ‘Hogar Cósmico’, de toda la vida se ha intentado y se intenta encontrar esa forma de contacto por otras vías. Las distintas religiones hablan y practican la ‘Meditación’ y no son pocos los que por medio de ella, han conseguido “expandir” su mente y su espíritu por los “confines” del Universo. Una constante en toda labor meditativa es el aislamiento, el alejarse del “mundanal ruido” y concentrarse mental y espiritualmente con el Yo interno. No es una labor de dos días, pero tampoco imposible.
En ese trascendente “juego” el ‘Factor Tiempo’ y su comprensión, tiene una vital importancia. Si ya la Ciencia actual considera el Espacio-Tiempo como una unidad según el estado de movimiento del observador, tener la suerte de realizar dicha experiencia en el Espacio, indudablemente abre más la mente de cualquiera; que la tenga por supuesto.
Ermitaño por un día:
Antes comentaba que sin necesidad de estos costosos y complicados viajes espaciales, aquí en la Tierra desde hace miles de años el hombre ha intentado por medio de la meditación, contactar y sentirse parte de ese Todo. San Pablo, considerado el primer ermitaño o eremita, eligió profesar una vida solitaria y ascética, con el fin de encontrar una relación más directa con Dios, con el Todo. Ese era su medio y su fin. El eremitismo se ha seguido dando a lo largo de los siglos y sigue teniendo adeptos que con fines religiosos, optan por esas vías de forma consciente. En las antiguas y simbológicas Cartas del Tarot, la que corresponde ‘al ermitaño’ representa la búsqueda de la realización interior y el encuentro con la Luz, con lo Divino. Entre las distintas tareas a las que se ve abocado el ermitaño, la principal es la de la ‘meditación’. Un ejercicio intelectual que ayuda a reordenar la mente y canalizar energías para llevar a cabo “trabajos” mágicos, rituales y espirituales. En ese contexto el individuo trasciende a un plano superior, se halla en “conexión” con lo divino y recibe de él más sabiduría.Queda muy claro que toda esta importante experiencia es posible sólo a nivel individual, cada Ser debe encontrar su personal vía de comunicación. Ésta se rige con el estado evolutivo personal y existen variadas formas para lograrlo. Las personas religiosas, sea cual fuere la fe que profesen, tienen en principio el camino más facilitado. Incluso la ‘Hipnosis Regresiva’ puede ayudar a ello, siempre que se haga con un fin de crecimiento espiritual. Pero volviendo a nuestro astronauta, él no fue en su misión con el fin de “hablar con Dios”. Sin embargo, ese pequeño gran gesto mecánico de “cortar” con toda atadura a la Tierra, verse inmerso en la infinitud del Universo, le hizo conseguir en pocos segundos desatar en su mente un nuevo concepto de la “realidad”.
¿Estamos ante la puerta de una nueva visión de nuestra “realidad” en la Tierra? Ser por un día “ermitaño” en el Espacio, parece que conlleva muchas sorpresas y cambios. Meditar en nuestro hogar cósmico también lo consigue. Cuando intentamos cortar el “cordón” que nos une a nuestra Madre Tierra, aparece algo o alguien que nos dice y aconseja con firmeza ‘ Empezad por ahí, sois vosotros los primeros que debéis cambiar ‘…Felices pesadillas…

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