Me encargaba de ponerles unos electrodos en los genitales y con sólo bajar una palanca la descarga era brutal.
Reconozco que alguna vez se me fue la mano y les quemaba vivos, pero en el fondo disfrutaba con ello. Lo que menos me apetecía era liquidar a los tipos dentro de un coche, su sangre mezclada con restos de cerebro, me salpicaba entero y era algo que me sacaba de quicio.
Cuando ví que era el momento, me puse en contacto con un federal que conocí en un arresto y le dije que si me protegía les diría todo lo que sabía de Don Mario y los negocios ilegales que tenía.
Llegado el día me encontraba en nuestro lugar de reunión para no levantar sospechas .
Un golpe echó la puerta abajo y una legión de policías federales inundó la sala. Cientos de disparos salieron de las armas de ambos bandos, me tiré al suelo y fingí que disparaba aunque estaba tan cubierto de sangre, que mi aspecto era irreconocible.
Me arrastré como pude hacia Vittorio y asestándole una cuchillada en un ojo que se reventó al instante le dije:
-Esto por lo que hiciste con mi familia- susurré con ira.
Nos llevaron a los que quedamos vivos a comisaría y una vez dentro, pasé a ser un testigo protegido. Les dije todo cuanto sabía sobre ellos y, a cambió, me proporcionaron un billete de ida a New Jersey con distinta identidad y un futuro de por vida………….
De aquello intenté olvidarme, pero las pesadillas volvían cada vez con más intensidad.
Aquella noche no podía conciliar el sueño y me quedé leyendo hasta tarde. De madrugada oí un ruido rondando la habitación y me incorporé de golpe. Encendí la luz de la mesilla pero solo se movía la cortina de la ventana.
Al levantarme para cerrarla, una pesada mano cubrió mi boca y observé con horror que era ellos, los sicarios de mi sueño.
-¿Creías que iba a ser tan fácil?-dijo una voz que conocía de sobra.
Al volver la vista le ví, aunque bastante mayor, Ahí estaba Vittorio con su enorme cicatriz y un parche en un ojo. Quise gritar al ver cómo me colocaban un fuerte esparadrapo en la boca y uno de ellos arrancaba una sierra mecánica.
Acercándose con sigilo les dijo Vittorio:
-¡Procurad que quede irreconocible!
Lo único que pude hacer, fue cerrar los ojos mientras un dolor lacerante se instalaba en mi mano derecha……
Cuando desperté todo era oscuridad, mi ensangrentado cuerpo estaba entumecido tras
pasar largo tiempo en la misma posición. Intenté ponerme de pie y el horror paralizó
mis músculos¡¡¡¡Estaba enterrado vivo!!!!
Comprendí al instante que no me serviría de nada gritar hasta quedarme sin voz….

La primera parte está publicada.Mirar en el archivo de entradas.
ResponderEliminarEres genial, me encanta como escribes, un beso
ResponderEliminarMarián
Gracias Marián.
EliminarUn beso enorme.
Qué final Morgana. La víctima quiso ser verdugo y terminó siendo su víctima de nuevo.
ResponderEliminarBuen relato. Abrazos hada.
Al final todo se paga¿No crees?
ResponderEliminarBesazo.
Cierto, en realidad Vittorio es quien da la orden, los demás la cumplen. Este relato hace honor a una frase de Einstein que los dos tenemos en nuestros blogs.
ResponderEliminar"El mundo no está amenazado por las malas personas, sino por aquellos que permiten la maldad."
Otro para ti.
Cierto Miguel Angel,aunque él tuvo motivos de peso para hacerlo.Mataron a su familia,recuérdalo.
ResponderEliminarPero las venganzas solo crean más odio.
Smuacksssssssssssss
Otro día cuelgo otro relato de terror.
ResponderEliminarBesotes para todos.
Pero tienes que hacer la segunda parte de este porque si lo cuenta es porque pudo escapar del enterramiento jajjajaj. Eres única y una auténtica mafiosa. Besos Morganita fantástica.
ResponderEliminarLoli ese fue su final...ces,t la vie.
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