El punto de vista
Trece años, qué barbaridad.Los que ha cumplido el domingo mi hija Anusca.
Lo celebró el sábado con sus amigas y me impuso una severa pena de destierro: no quería encontrarse bajo ningún concepto conmigo por la calle ni en ningún local público, y mucho menos que la avergonzara saludándola delante de sus amigas.
Luego se vinieron todas a casa y cuando me desperté, a las cinco, como el dinosaurio, aún seguían en su habitación charlando.
El domingo condescendió a celebrarlo con su padre y con Violeta y Marcela.
¿Te parece muy fácil poner trece velas en una bola de helado de chocolate y encenderlas sin quemarse los dedos?
Prueba y verás.
Hace algún tiempo, gracias a mi hija, recibí un regalo inesperado.
La novela más reciente de Carlos Pérez Merinero.
Un profesor de su Instituto es amigo de Pérez Merinero y tuvo la amabilidad de darle a Anusca el libro dedicado por el autor.
Estaba deseando poder saludar algún día al gran escritor.
Ya no podré hacerlo. Ayer me enteré de que la novela más reciente ahora es ya la última.
Carlos Pérez Merinero acaba de morir.
En mi mesita de noche está su libro, que aún no he terminado: La niña que hacía llorar a la gente.
Jamás le he conocido, pero he leído muchas novelas suyas, algunas en la benemerita coleccción de Bruguera, la mayoría en bibliotecas o prestadas por amigos.
No es autor para lectores pusilánimes.
Sus libros salpican sangre y semen. Sus personajes son antihéroes de verdad, no para uso de la gazmoñería contemporánea, son machistas, salidos, crueles ,brutales, egoístas, un poco neuróticos y casi siempre muy desdichados.
Se suele hablar de él como el Jim Thompson de la Transición, pero creo que no es exacto: Pérez Merinero tenía más sentido del humor, mucho más, que el autor de The Killer Inside Me o Pop. 1280.
Y era menos truculento, me parece, y más realista.
En algún sentido, como dos sobrinos europeos de Thompson, creo que Vernon Sullivan (Boris Vian) y Pérez Merinero eran primos.
Sin embargo, es cierto que ese soliloquio del asesino (siempre taraceado de mentiras y muy poco fiable) le acerca a Thompson.
Él decía que cuando empezó a escribir todo el mundo escribía en primera persona haciendo de detective o investigador, pero que él se identificaba mucho mejor con los asesinos.
Lo decía en una divertida entrevista que le hizo mi buen amigo David G. Panadero y que puedes ver en you tube en en este enlace.
Es como el chiste del viejo periodista de Sucesos que escribe: “enterraron el cadáver en una fosa de tres metros de altura“.
-Coño, Ramírez, será de tres metros de profundidad, no de altura -le regaña el redactor jefe, un jovencito inexperto.
-De eso nada. ¡Es que yo escribo desde el punto de vista del muerto! Así que altura, visto desde el fondo.
Así escribía Pérez Merinero, desde el fondo de la fosa, desde el punto de vista del culpable, mirando hacia fuera.
¿Que no has leído nada de Pérez Merinero?
Pues empieza por Días de guardar, quizá su novela más popular, y luego sigue adelante.
A mí, por cierto, más que a Thompson, siempre me ha recordado a James M. Cain.
Sobre todo porque en una ocasión (un prólogo a The Butterfly) escribió Cain:
I, so far as I can sense the pattern of my mind, write of the wish that comes true, for some reason a terryfying concept, at least to my imagination. Of course, the wish must really have terror in it; just wanting a drink wouldn’t quite be enough. I think my stories have some quality of the opening of a forbidden box, and that it is this, rather than violence, sex or any of the things usually cited by way of explanation, what gives them the drive so often noted.Que nos vendrá siendo, sobre poco más o menos:
Hasta donde yo percibo la estructura de mi mente, escribo acerca del deseo que se hace realidad, por algún motivo se trata de un concepto aterrador, al menos para mi imaginación. Por supuesto, el deseo debe de contener terror: sólo con querer tomarse otra copa no es suficiente. Creo que en mis historias hay algo semejante a abrir una caja prohibida, y que es esto, más que la violencia, el sexo o cualquiera de las cosas que se suelen citar como explicación, lo que les da esa fuerza de la que a menudo se habla.Algo parecido creo que se podría decir de Carlos Pérez Merinero.
Qué triste noticia.
Voy a tomarme una copa y va por ti, maestro.

Que guapa que está Anusca. Seguro que se le cae la baba al papá. Sirva esto como homenaje a Carlos Pérez Merinero, al cual nos unimos los que por aquí leemos esta entrada, gran entrada. Un abrazo.
ResponderEliminarFelicidades!!!
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