sábado, 30 de enero de 2016

LA MONSTRUACIÓN, DE CABRÓNIDAS

El Padre Esperancejo camina, flemático, de un lado a otro de la clase en un silencio solemne y calculado. La luz aséptica de los fluorescentes, confiere un brillo desapasionado a su cabeza tonsurada, y cierta aura pálida apenas visible en el contorno de su silueta espigada. Presa de su rijosa e indisimulada lascivia, y no por ello percibida por quienes le escuchamos, decide el Padre Esperancejo que es la persona adecuada para aclarar nuestras dudas incipientes acerca del sexo. —Sé que sus cuerpos están cambiando, y sé de sus deseos y dudas. El ápice de la lengua del Padre Esperancejo humedece cadencioso su labio superior, de una comisura a la otra. —Y sé lo que cuesta confesar esas dudas, por tal motivo que he decidido ayudarles. El Padre Esperancejo ladea la cabeza y cruza las manos sobre su pecho, como si sostuviese un Sagrado Corazón. —Adorables niños, yo también tuve vuestra edad, y aunque el señor me reclamó joven, también padecí vuestras cuitas y zozobras. Mi responsabilidad, como pastor de este rebaño, es la de aclarar cualquier incertidumbre que podáis padecer. Así, con sinceridad y sin miedos, preguntad cuanto queráis saber sobre las vicisitudes de vuestra naturaleza anatómica. No hay que sentir remordimientos. Después de todo, nuestro señor nos hizo a su imagen y semejanza. Él, en su infinita sabiduría, comprende vuestros pecados y el abocamiento a cometer sucios y denigrantes actos...

Después de aquella perorata de aquel día pretérito, supe que el Hacedor, el Gran Arquitecto, realmente existe y comprende. Porque solo él, poderoso entre los poderosos, pudo evitar en los días que siguieron, que se adueñara de mí la invidencia por más que yo cometía, una y otra vez, aquel solitario, desestresante, y placentero acto impuro.

Amén.




Regurgitado Por Cabronidas @ 2:42

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