aquellos jodidos años cuando tuve treintaytantos

aquellos jodidos años sin dar golpe
-la época donde alcancé mis cumbres autodestructivas-
mi primera mujer se había largado
la segunda todavía no aparecía en el horizonte
-ahora desearía que nunca hubiera aparecido-
mi vida se volvió miserable
los días eran un constante tragar mierda
amaneceres resacosos
cuartos de alquiler con las paredes desconchadas
mujerzuelas saliendo debajo de las alfombras
como cucarachas
una perpetua náusea me inundaba por dentro
un sentimiento de absoluta mediocridad
soledad
cada mañana me temblaban las manos
me tomaba unos cuantos alka seltzer y abría una cerveza
me echaba en el balcón y miraba la gente pasar
oía que tocaban a la puerta y no abría
los sábados asistía a las veladas literarias de mi vecina la poeta
por lo menos eso decía ella
que era poeta 
tenía un perro
-uno de esos grandes y peludos-
había vivido en chicago y nueva york y los ángeles
había oído a bukoski recitar en el estadio de los dodgers
tenía una novia gorda y fea
y los sábados organizaban lecturas de poemas
en su apartamento
asistían unas cuantas chifladas
leían poemas feministas donde decían
odio a los hombres
odio su asqueroso olor a cerdo excitado
odio sus vergas enhiestas como mástiles
odio sus hormonas violadoras
después de la lectura de poemas le daban al trago
a medianoche todas andaban ebrias
yo me sentaba junto a la puerta del baño
cuando alguna se paraba a mear y pasaba a mi lado
yo alargaba el brazo y le rozaba el culo como sin querer
luego ella salía y se quedaba de pie junto a mí
yo metía la mano debajo de su falda 
la tipa no decía nada
nunca decían nada
y aun separaban las piernas un poco más
eso era lo que había detrás de su odio a los hombres
los odiaban porque ninguno quería saber nada de ellas
estaban locas y amargadas y les urgía un palo
pero su actitud era hostil
querían un hombre que antes de llevárselas a la cama
les lamiera la suela de los zapatos
les limpiara el baño de la casa con la lengua
les quitara las compresas sucias y las oliera y dijera
¡qué rico huelen tus menstruaciones, mi vida!
incluso a mí que me daba lo mismo cogerme a quien fuera
-que me daba lo mismo cogerme a una perra-
incluso a mí me daba hueva llevármelas a la cama
hace ya tiempo de eso
parece que haya ocurrido en otra vida
la poeta debe estar ahora bastante vieja
lo último que supe de ella fue que regresó a chicago
y que publicó un librito llamado "flores de sangre"
quién sabe si un día de estos le dan el nobel
-esos pendejos premian ya cualquier mierda-
ahora yo también escribo poesía
estoy viejo para beber alcohol día y noche
entonces escribo poesía
o algo que parece poesía
y en mis poemas digo que necesito una mujer
que me hace falta el olor de una mujer en las mañanas
aspirar ese aroma agridulce que brota de sus entrañas
esas moléculas vaginales ácidas que se adhieren a tus fosas nasales
y te apaciguan
y te adormecen el instinto de muerte
o una cosa parecida
pero sólo se trata de palabras
en realidad no necesito una mujer
los viejos no necesitan mujeres
-un coño no lo contentas recitándole poemas-
lo que necesitan los viejos
es morirse de una puta vez